La Bernarda

googlemapsCalle Juan de Mata Carriazo S/n (Junto a Los Bomberos)
Teléfono 955512334

La gastronomía, como la historia, se construye a base de capas. Algunas quedan enterradas en el tiempo; otras resurgen, reinventadas, para dialogar con el presente. La Bernarda, uno de los grandes supervivientes de la capital, es el resultado de ese diálogo: un antiguo almacén comercial transfigurado en un espacio culinario donde la memoria del lugar convive con una propuesta gastronómica vanguardista. Ubicado en la Calle Juan de Mata Carriazo, este restaurante no solo rescata un emplazamiento histórico, sino que lo convierte en un referente de la restauración contemporánea. Lo que antaño fue testigo del trasiego comercial y, en épocas más recientes, de nocturnidades y algarabías, hoy se erige como un oasis de sofisticación culinaria. Sus promotores han logrado un equilibrio excepcional entre modernidad y tradición, transformando el espacio en un pabellón acristalado que, lejos de rehuir su pasado, lo incorpora de manera inteligente en su identidad.

La Bernarda no solo destaca por su oferta gastronómica, sino también por su exquisito diseño interior, donde la tradición y la modernidad convergen en una atmósfera sofisticada y acogedora. La decoración de este gastrobar en Sevilla está meticulosamente pensada para evocar un encanto bohemio sin renunciar a la elegancia contemporánea. El espacio se organiza en torno a una paleta de colores cálidos y materiales naturales. El predominio de la madera, el hierro forjado y el cristal genera una sensación de equilibrio entre lo industrial y lo artesanal. Los tonos verdes y terrosos, complementados con toques dorados y detalles en fibras naturales, refuerzan una estética orgánica y envolvente. Uno de los elementos más distintivos de La Bernarda es su exuberante vegetación. Plantas colgantes y arreglos florales se entrelazan con lámparas de pantalla vintage, creando un techo vivo que aporta frescura y dinamismo al espacio. Este diseño recuerda a los antiguos invernaderos europeos, dotando al restaurante de un aire romántico y evocador. El mobiliario sigue la misma línea de contraste armonioso. Sillas y mesas de ratán, junto con superficies de mármol y detalles en hierro negro, dialogan entre sí para generar una estética que combina lo rústico con lo sofisticado. La iluminación juega un papel clave en la ambientación: lámparas de tonos ámbar y luz cálida envuelven el entorno en una atmósfera íntima y acogedora. Los suelos hidráulicos, con patrones geométricos en blanco y negro, aportan un guiño nostálgico a la tradición sevillana, mientras que los amplios ventanales permiten la entrada de luz natural, resaltando la amplitud del espacio y generando una conexión fluida entre el interior y el exterior. La atención del servicio es otro de sus puntos fuertes: camareros discretos, elegantes y siempre atentos garantizan que el disfrute del comensal no se vea empañado por las habituales fisuras de la hostelería.

En cuanto a su oferta culinaria, La Bernarda no sigue la senda de la tapa sevillana tradicional, sino que opta por una selección de platos pensados para ser compartidos. Desde tablas de quesos artesanales hasta propuestas de alta cocina en pequeños formatos, cada opción del menú refleja un esmero en la selección del producto y una vocación por la excelencia técnica. Sus carnes, pescados y arroces hablan de una cocina que respeta la materia prima sin renunciar a la creatividad en la ejecución. La carta ofrece entrantes fríos como ensaladilla de ventresca, gambas blancas, ceviche de corvina, ensalada de burrata con torreznos, tataki de atún, jamón ibérico y una tabla de quesos nacionales. Entre los picoteos, destacan una tabla variada para compartir, daditos de bacalao, croquetas de diferentes sabores, bombón de carrillera, patatas bravas y huevos camperos con jamón. En pastas y arroces, hay opciones como arroz ibérico, arroz negro, risotto de pato, caldero de mariscos y pappardelle de hongos. Entre los pescados, se encuentran pulpo braseado, bacalao confitado, gambones al jerez y chipirón encebollado. Las carnes incluyen solomillo, lomo bajo y alto madurados, magret con puré de naranja, presa y pluma ibérica, además de tranchas de presa caramelizada. Para el postre, ofrecen torrija de brioche, tarta de queso, devil food cake y carrot cake, ideales para un final dulce. Un menú variado con opciones para todos los gustos, combinando productos frescos y de calidad con elaboraciones tradicionales e innovadoras.

Pero más allá de la carta, lo que hace de La Bernarda un lugar singular es su capacidad para ser un punto de encuentro entre la Sevilla de siempre y la Sevilla que se está reinventando. No es un espacio que se limite a ofrecer buena cocina; es un concepto que reivindica el valor de la restauración como motor de regeneración urbana y cultural. En tiempos en los que la globalización amenaza con uniformar la identidad de las ciudades, La Bernarda apuesta por lo contrario: rescata el alma del lugar y la proyecta hacia el futuro. Su existencia no es solo una celebración del buen comer, sino también un recordatorio de que la memoria de un espacio puede ser el mejor ingrediente para su renacimiento.

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